Cariño, te
cuento que me he dado cuenta que tengo opciones. Si, cariño, opciones. Rojo,
anaranjado, negro. Norte, sur, este y oeste. Hablar inglés, español y un poco
de francés. Un tren a 14 Street, Madrid, Barcelona o San Juan. Comida francesa,
italiana y alemana también. Opciones, cariño. Azul, amarillo y hasta blanco.
Tomar el tren o ir andando. Despertarme a las seis, nueve y las once también. SÃ,
no, quizás. Hola, hasta luego, nos vemos pronto. Opciones. Frio, caliente o
tibio. Con luz o sin luz. Verde, purpura o marrón. Faldas cortas, largas o si
quiero vaqueros ajustados. Pelo suelto, recogido, peinado o despeinado. En
realidad no importa porque tengo opciones, cariño. Opciones. Mañana, tarde o
noche. Con música o sin música. Descalza o con zapatos. Con los ojos cerrados o
abiertos. Alto, bajo. Con pasión o sin ella. Cariño, opciones. Miles de ellas. Es más,
millones de ellas. Y pasa, cariño, pasa que ninguna de ellas eres tú.
Monólogo Interno: Parte XIV
January 22, 2015
Ya hace algún tiempo que no escribÃa por acá y
aún más tiempo que no escribÃa uno de mis monólogos internos. Hoy les quiero
hablar sobre bebes. No, no se preocupen este no será un post acerca de cuan
hermoso son los bebes ni que “bendición” es tenerlos. Vale, debà haber dicho
que pensaba hablar de la decisión de tener hijos. Los que me conocen saben que
siempre he dicho que no quiero tener hijos. No me malinterpreten, me gustan los
niños. Tengo dos sobrinos hermosos a los cuales adoro. Pero hasta ahÃ, al final
del dÃa puedo devolverlos y seguir con mi pacifica, algunos dirán algo egoÃsta,
vida. ¡Oh!, pero yo decirle eso a las
personas. Es abrir una caja de pandora. Es casi como cuando explota un tubo de
agua en tu casa y te empapa todo. Muy pocas personas pueden aceptar mi
decisión. Lo toman casi personal. Como una ofensa contra su persona. Y
comienzan los terribles “te vas arrepentir”, “eso dices ahora” o mi favorito
“Dios te va a castigar”. ¿Qué se supone que deba responder? ¿Por qué tengo que
justificar mi decisión? Eso dice mucho de nosotros como sociedad, que tengamos
que justificar nuestras decisiones cuando son diferentes a los demás. Pero
bueno, ese es tema para otro dÃa. La historia que les quiero contar es esta. El
otro dÃa estaba yo desayunando con unos compañeros de la universidad, cuando
inevitablemente surgió el tema de tener hijos. Ahora, deben tener en cuenta que
cuando surgen estos temas suelo guardarme mi opinión. No porque me abochorne de
ella, sino, porque me cansa tener que explicarla. Y porque rara vez encuentro
una persona que la respete. En cambio, en ese dÃa decidà unirme a la
conversación. Me dije, estoy con adultos, adultos que ya están en maestrÃa y
son open minded. Asà que decide arriesgarme. Chicos, que malÃsima idea. Por supuesto, vinieron los comentarios
usuales: “te vas a arrepentir”, “eres egoÃsta” o “es que no tienes la madurez
todavÃa”. A esta última siempre contesto que el que este tan segura de esta
decisión demuestra que tengo la madurez. Pero por supuesto nadie me entiende. Lo
que no esperaba escuchar fue el siguiente comentario, “Déjala, la salvación
espiritual es individual.” WHAT!! ¿Qué tiene que ver mi salvación con tener
hijos? ¿Desde cuando se convirtió no tener hijos en un pecado? ¿Por qué Dios va
a castigarme por tomar la decisión de no tener hijos? Imaginan como quede. No
pude contestar. Solo un simple, “cada cual está en su derecho de tener una
opinión.” Después me puse a pensar, cuan avanzados estamos en la tecnologÃa y
aun asà cuan atrasados estamos con nuestras ideas, nuestras creencias. Que haya
personas que piensen que el no tener hijos automáticamente me hace estar de
malas con Dios. Lo cual no puede estar más lejos de la realidad. Yo creo que
Dios sabe cómo pienso y más importante sabe cómo me siento. Y creo que tengo la
madurez suficiente para decidir que no quiero ser madre. Simplemente es algo
que no me hace falta para ser feliz. Y por esa decisión la sociedad me castiga,
y ahora me amenaza con la condenación eterna. Señores, tener hijos es un
responsabilidad enorme. No todo el mundo nace para tenerlos y eso está bien. En
estos tiempos en que se tienen hijos por jugar y sin pensar creo que mi decisión
deberÃa ser refrescante. No piensen que la tomo sin haberlo considerado. He pensado
mucho al respecto. Me he hecho preguntas difÃciles. Y fue difÃcil aceptarla, de
nuevo porque la sociedad nos ha engranado que las mujeres debes tener hijos y
que si no los tienen no están completas. Pero la alternativa seria tenerlos y
no ser feliz. Porque los voy a amar, claro son mis hijos. Pero sé que no tendrÃa
una vida en paz, que me sentirÃa culpable por no sentir que ellos me llenan,
que me dan paz, etc. Asà que, no quiero tener hijos. Punto. Creo que somos más
y más las mujeres que tomamos esta decisión y ya va siendo hora que la sociedad
nos acepte y respete nuestra decisión. Después
de todo lo que nos critican no van a estar ahà cuando él bebé se despierte a
las 3 de la madrugada y no se vuelva a dormir. No, ahà estamos solas.
De regreso a Madrid
October 23, 2014
Me he regresado a Madrid. He tomado el tren que sale a
las 7:52 desde Barcelona. En tu apartamento me he dejado un sostén, un par de
aretes y la mitad de mi corazón. El tren está casi vacÃo. Y me pregunto hacia
donde van las pocas personas que están allÃ. Quien sabe, quizás su destino sea
Madrid o quizás Madrid es solo una parada más en su viaje. Que darÃa ella
porque Madrid fuera tan solo una parada y no su destino. Que diera ella porque
sus coordenadas no tuvieran sabor a ti. En tu apartamento me he dejado un par
de zapatos al pie de tu puerta. Eran mis favoritos. Me he dejado tu media
sonrisa. Y si, como podrás intuir, era mi favorita también. El tren se mueve más rápido y en el encargado
de los boletos nos poncha el alma. A mi izquierda un señor en sus cuarenta, con
laptop, móvil y tableta en mano parecer estar en otra coordenada. Que diera
ella por estar en otra también. A mi
derecha, por la ventana, Barcelona va quedando atrás. Solo es una mancha
cambiante en el cristal. Dejo a Barcelona y tú mirada color gris tormenta. Por
el pasillo una chica de pelo negro hasta el mentón se dirige hacia mÃ. Se detiene junto al asiento vacÃo a mi lado y
pregunta, “¿Está ocupado?” Me conoces, por un momento pensé en decirle que en
efecto el asiento estaba ocupado. “No”, casi suspiro. “Genial, no me gusta
sentarme sola”, contesta con un entusiasmo que nadie deberÃa tener a esta hora
de la mañana. Tan pronto se sienta a mi lado me arrepiento de no haberle dicho
que el asiento estaba ocupado. Pero que iba a saber esta extraña que mi
entusiasmo lo habÃa dejado en mi lado de tu cama. “¿Es tu destino Madrid?” me
pregunta. Lo pienso por un momento. ¿Era mi destino Madrid? Y ahà hablando con una
extraña se decidió. Madrid no serÃa su destino. Madrid seria solo una parada.
"No”, le conteste; resuelta a cambiar mis coordenadas. Seis letras y un nombre.
September 1, 2014
Cariño,
solo se necesita que pronuncies mi nombre. Para que se me erice la piel. Para
que comience el cosquilleo. Para que se me dibuje una sonrisa en el
rostro. Solo mi nombre. Solo seis
letras. O-l-i-v-i-a. Para que mi dÃa cambie. Para que vuelvan las dudas. Para
que comience a pensarte de nuevo. Solo necesitas pronunciarlo. Para que mi
corazón se acelere. Para que se abran cientos de puertas. Para que regresen los
recuerdos. O-l-i-v-i-a. Para que mi mundo se ponga de cabeza. Para que de
repente comiencen a fluir las palabras. Para que comience a despolvar viejas
canciones. Cariño, solo pronuncias mi nombre. Para que comience a sentir de
nuevo. Para que me vuelva a gustar el rojo. Para que comience a extrañarte de
nuevo. Mi nombre, cariño. Para querer comenzar a escribirte de nuevo. Para que
pronuncie tu nombre de vuelta. Para que de pronto no haya excusas para no pensarte
de nuevo.
Soy economÃa, cariño
August 19, 2014
Cariño,
siempre he pensado en el amor en términos de economÃa. Siempre he hecho un análisis
de costos-beneficios de mis relaciones. Si,
escuchaste bien. Costos y beneficios, cariño. Pros y contras. Todo para saber
si es una buena inversión esto del amor.
El amor se ha convertido en la Ley de oferta, cariño. Su valor ha ido en
aumento y ya no sé si serÃa bueno invertir. Es mucho el riesgo de pérdida. Estamos
en recesión y los economistas recomiendan no hacer negocios riesgosos. Veras,
es que en el amor es jugárselas todas. Es invertir todo el capital y orar por
al menos recuperar lo invertido. Sin posibilidad de ganancia. El amor es una inversión riesgosa. Por eso conmigo siempre ha sido cuestión
de disponibilidad. Cuestión de costos y beneficios. Cariño, el amor es economÃa. Y ya has visto
las noticias, andamos en recesión. Por eso nuestra historia siempre será
asÃ. Yo llegando siempre al punto exacto para cruzar la lÃnea pero nunca lo
hago. Y no puedes culparme, cariño. En esto del amor nunca he tenido las
ganancias esperadas.
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Historias de un pagina
11:11
July 16, 2014
El reloj marca las 11:11. La vieja costumbre de pedir un deseo sale a la
superficie. Laura se da la vuelta y no pide su deseo. Su móvil lleva sonando en
la mesa de noche desde las 10:27. Celeste no ha parado de llamar. El móvil deja
de sonar, 9 llamadas perdidas. Vuelve a
sonar una décima vez. Laura decide contestarlo.
-“¿Quién se atreve a llamarme a esta hora de la mañana?”, contesta
Laura. Celeste suelta una carcajada al otro lado del móvil.
-“Laura, ya son las- una pausa- 11:26 de la mañana. Apenas y se puede
llamar mañana”.- Laura se pregunta cómo alguien puede estar tan alegre a esta
hora de la mañana.
-“Celeste, sabes que para mà toda hora antes de las 12:00 es muy
temprano. Espero que sea algo importante. Que se haya muerto alguien o al
menos, que alguien este gravemente herido. Solamente asÃ, podrÃa perdonarte el
que me hayas levantado tan temprano.”, le contesta Celeste ya un tanto
exasperada.
- “Por Dios Laura, que mórbida. No se ha muerto nadie y nadie está
gravemente herido. Creo que es algo mucho peor.”, contesta Celeste sin nada de
la alegrÃa anterior en su voz. Celeste no se imagina que pueda ser peor que una
muerte.
-“Ya me haz asustado. Anda, dime, ¿qué ha pasado?”, Laura tiene un mal
presentimiento. Hasta se ha arrepentido de no haber pedido el deseo cuando tuvo
la oportunidad.
-“Es Ernesto”-una pausa-“Ernesto ha vuelto. Le acabo de ver en la
cafeterÃa de Don José.” Laura ha dejado de escucharle desde que escucho el
nombre Ernesto. Mira el reloj, 11:33. Maldición, debió haber pedido el deseo.
Ahora ya es muy tarde.
-“Eso no es todo, Laura. Ernesto no ha vuelto solo.”
Laura no podÃa creer lo que estaba escuchando. ¡Dios!, y la gente se
preguntan porque no me gustan las mañanas. No hay noticias buenas a esta hora
de la mañana. Laura tomo la caja de cigarrillos de su mesa de noche, saco uno y
lo prendió. Iba a ser un largo dÃa.
-"¿Laura? ¿Estás ahÃ? ¿Laura?, Celeste sonaba preocupada.
"Lau-". Laura la interrumpió.
-“Celeste, nada bueno sale de levantarme temprano. Debiste dejar que
siguiera durmiendo”. Laura colgó el móvil, le dio dos caladas más al cigarrillo
y se dio la vuelta para seguir durmiendo. Quien sabe, quizás la llamada solo
habÃa sido un sueño.
Monologo Interno: Parte XIII
June 21, 2014
Ha pasado
que, si no ponemos todo en las redes sociales no existimos. Pasa que si no
pongo un status de cómo me estoy sintiendo o donde ando pues no es real.
Entramos a las redes sociales para confirmarnos que estamos vivos. Que
existimos y que allá afuera hay gente que sabe quiénes somos. Pasa que nos
conectamos esperando, por fin, sentir esa conexión con los demás. Hoy en dÃa si no tienes Facebook/Twitter la gente
te mira raro y te pregunta si eres normal. Que estamos obsesionados con subir
al menos diez fotos nuestras, documentando lo que hemos hecho en el dÃa para dejar saber
a los demás que estamos vivos. Que existimos. Que nos disfrutamos la vida.
Aunque si lo pensaran bien el hecho que estés documentado cada momento de “disfrutarte
la vida” hace que te la disfrutes menos. Irónico, ¿no? Tenemos que documentar
cada cosa que hacemos, y ojala tan solo fuera eso, pero no. Tiene que saberlo
los demás. Vivimos en un mundo donde la cantidad de “likes”/retweet o
comentarios valen más que las veces que nos robamos un beso o decimos te amo.
Facebook/Twitter se ha vuelto nuestra
manera de interactuar con el mundo. Porque se nos hace más fácil, porque es
menos complicado. Nos escondemos detrás de una pantalla esperando que la
persona del otro lado les guste como somos cuando en realidad no nos conocen
para nada. Entramos y sentimos envidia de que algún amigo en Facebook anda
viajando, comiendo en algún lugar exótico o se acaba de comprometer. Sin saber
que, si lo anda publicando en Facebook es porque todavÃa no ha encontrado esa
conexión que todos andamos buscando. Al estar en Facebook pensamos que estamos
allá afuera viviendo, cuando en realidad solo vivimos en una caja de cristal
donde solo podemos ver lo que los demás proyectan que son. Lo que los demás
quieren que veamos que son. Se nos hace más fácil conocer a alguien por
Facebook que conocerlo frente a frente. Porque es más fácil decir hola en lÃnea
que tener la valentÃa de acercártele a alguien en la calle. Entramos a Facebook
para asegurarnos que no estamos solos. Sin saber que el simple acto no hace, si
no, que estemos más solos. Peor aun, mas
solos pero con la falsa sensación de que no es asi. De que estamos conectados.
Update:
Este escrito llevaba semanas en mi computadora. No encontraba en mà publicarlo.
TenÃa esa sensación de que aún no estaba completo. Llame a una de mis amigas,
se lo leà y me dijo: “¿Qué esperas? PublÃcalo. Aun asÃ, no lo publique. Lo deje
reposar por varios dÃas hasta que llego la contestación de porque no lo podÃa publicar.
Pasa, que como me sospechaba, estaba incompleto. Aquà la historia: Un dÃa le escribà a un amigo,
con el que hace tiempo no hablaba, para saludarlo. La razón por la que hacÃa
tiempo no hablábamos era porque me sentÃa que era yo la que siempre andaba buscándolo.
Pero ese dÃa en particular no me importo y le escribà que andaba perdido. Me
contesto que para nada, que era yo la que andaba perdida. Sus próximas palabras
me dejaron de piedra. “La pérdida eres tú. Ya no te veo en Facebook ni te
conectas al chat.” Se imaginaran mi sorpresa al leer sus palabras. Al parecer,
el hecho que no estuviera presente en Facebook me hacÃa estar “perdida”. Le
conteste que no me gustaba ya conectarme a Facebook porque intentaba desligarme
un poco de la tecnologÃa. “¿Antisocial?, esta fue su contestación. Y le
conteste: “No, real.” Al parecer le pareció extraña mi contestación porque me
contesto, “¿y eso?” A lo que procedà a explicarle que me habÃa dado cuenta que
estar en el internet nos estaba dando un falso sentido de conexión y que no querÃa
eso para mi vida. Que las personas importantes tenÃan mi número y podÃan llamarme.
No sé qué paso, pero mi amigo cambio el
tema. Y entonces, me recordé de aquel escrito guardado en mi computadora. Y que
esta conversación no hacÃa más que confirmarme lo que ya habÃa escrito. No
estar/publicar en Facebook/Twitter es sinónimo de no existir en la vida de los demás.
Incluso cuando esas personas llevan conociéndote casi cinco años, tienen tu número
de teléfono y hasta saben dónde vives. Al parecer, Facebook se ha vuelto el más
usado medio de comunicación. Incluso más que el temido mensaje de texto.
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