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Cartas a un corazón roto: Parte III

Ernesto,

He decidido que esta será mi última carta. He decidido cerrar este capítulo y continuar con mi nueva vida sin ti. No ha sido una decisión fácil, la verdad, para que mentirte. Ha sido una decisión necesaria. Voy a tomar todo el amor que siento por ti y comenzar a amarme de esa manera.  Creo que ya va siendo tiempo. Esto no quiere decir que he borrado todos nuestros recuerdos o que ya no te extraño.  No, significa que todo lo que eres está bien guardado en una parte bien obscura de mi memoria.  He decidido ser feliz y no puedo hacerlo mientras arrastro tu memoria conmigo a todos lados. Dejarte ir ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer, pero ahora que lo he hecho puedo respirar mejor. La verdad se siente un vacío en donde solía estar tu recuerdo y toda la tristeza que lo acompañaba. Pero, ¡Imagina lo que hará el universo con ese espacio! No puedo esperar para ver cuál será mi próxima aventura. ¿Y lo mejor? Tu recuerdo no me perseguirá como una sombra.  En fin, esta carta era para decirte que te perdono. Te perdono las mentiras. Te perdono el engaño. Te perdono la indiferencia. Te perdono el hecho que hayas sido tan egoísta. Te perdono que la hayas conocido meses atrás. Te perdono nunca haber llamado para saber si estaba bien. Te perdono y me perdono. Y espero que algún día puedas comprender lo que el verdadero amor significa. Yo ya descubrí su significado y nunca fuiste tú. 

Hasta nunca,

Marimar 

G.R.A.C.I.A.S

Hoy mientras tomaba un clase en mi gimnasio, nuestra instructora nos dijo que pensáramos en algo por lo cual estábamos agradecidos. Mis primeros pensamientos fueron los esperados: mi familia, mis amigos, mi trabajo y tener un techo sobre mí.  Luego tuve otro pensamiento, estoy agradecida por el dolor. Por la angustia.  Las lágrimas. Quizás tú que me lees no comprendas porque doy gracias por el dolor, la angustia o las lágrimas.  Lo que ha pasado estos últimos días, este dolor, me ha enseñado de que estoy hecha. Que soy más fuerte de lo que jamás imagine.  El dolor me ha purificado, ha sacado lo mejor y lo peor de mí. Me ha puesto un espejo enfrente y obligado a reconocer quien soy. A reconocer mis faltas, pero también cuales son mi fortalezas. Me ha hecho darme cuenta que necesito amarme más de lo que amo a los demás. Como siempre le digo a una amiga, la felicidad que buscamos está dentro de nosotros no en nadie más. Me mostro quienes son las personas que realmente se preocupan por mí. Y quienes solo fingieron hacerlo. No rechacemos el dolor, hazlo parte de tu vida. Reconócelo. Y un día pasara que te darás cuenta que ya no vive contigo.  Así que durante la clase, mientras sudaba como nunca había sudado en mi vida, di gracias por el dolor. Y tú, ¿Por qué das gracias hoy? 

Monólogo Interno: Parte XVI

Estos últimos meses han sido particularmente difíciles y tristes, sin entrar en detalles, la vida me hizo darme cuenta de que estoy hecha. Durante esos meses me di cuenta de algo sumamente importante, a la gente le incomoda que estés triste. Me explico, durante esos meses cuando las personas me preguntaban cómo estaba; yo siendo tan honesta contestaba que mal. Deberían de haber visto las reacciones que obtuve, nadie sabía qué hacer con mi respuesta. Y la mayoría terminaba diciendo, “eso ya pasara”, “estas mejor ahora”, y mi favorita “no te vas a morir”. ¿Porque será que a la gente le incomoda la tristeza? Quizás tengan miedo que sea contagiosa, lo cual es absurdo.  Tengo una amiga que siempre me ha dicho que son muy pocos los que en realidad quieren saber cómo estas, el resto solo quieren saber cuándo estas bien.  Y la verdad tiene razón, el 90% de las personas que me preguntaban no querían saber lo mal que estaba, querían saber las razones y el “chisme” para poder compartirlo hacia adelante. Nadie quería saber lo que el “chisme” estaba afectando a mi vida. Y esta es la triste realidad todo el tiempo. ¿Cuántas veces haz querido decir “no estoy bien”, “me siento mal” o “necesito ayuda”? ¿Cuántas veces, en cambio, haz repetido “estoy bien”, “me siento mejor” o “todo va mejorando”? Te invito a que de ahora en adelante contestes esta pregunta honestamente y al que no le guste, bueno ya sabes para donde puedes mandarlo. Debemos dejar de esconder nuestras emociones solo porque a los demás los hace sentir incomodos. No es justo para nosotros. Aquellas personas que le incomode deben hacer una introspección de porque esto ocurre. Cuéntame, ¿Cómo te sientes hoy?  

Cartas a un corazón roto: Parte II

Ernesto,

Siempre pensé que la vida era en blanco y negro, luego llegaste tú y me enseñaste que la vida también puede ser de rojos, azules y rosados. Ahora que te fuiste me parece que la vida a tomado un tono gris. Quizás no haya respuesta para esto.  La vida no es y nunca será un color en específico.  A veces pienso en ti en rojos, pero nunca el mismo rojo de cuando te conocí. Más bien un rojo coraje, un rojo resentimiento, un rojo con sabor a decepción.  Ya vez el mismo color puedo tener diferentes significados. Nunca lo había pensado así, hasta que te fuiste y me di cuenta que el azul también puede significar tristeza. Me pregunto en que color me piensas ahora, siempre imagine que sería en rojos o rosados. ¿Qué color crees que tenga el pasado? ¿El desamor? ¿Las mentiras? ¿Las decepciones? Creo que un solo color les quedaría muy pequeño. Casi como describir a el amor en una palabra. Imposible. Lo más probable nunca entiendas de qué hablo. Nunca fuiste de entender los colores ni mucho menos sus significados. Es más probablemente nunca leas esta carta. Total la escribí más para mí que para ti. Por esa cuestión de plasmar lo que sientes al momento. En fin, que te escribía para decirte que estas más gordo y que el nuevo recorte no te queda nada bien.

Tristemente con amor,


Marimar 

Cartas a un corazón roto: Parte I

Ernesto,

Ayer visite nuestro árbol, estaba un poco más verde que la ultima vez que estuvimos allí. ¿Recuerdas el millón de fotos que tomamos? Yo, aún conservo algunas por esa cuestión de la nostalgia que a veces me invade por las noches. Me senté allí, de la misma manera que lo hicimos tu y yo hace dos años atrás, y me asaltaron los recuerdo. Como puede cambiar todo en un abrir y cerrar de ojos. Me pregunte si ya la habrás llevado a ella allí también y si cuando lo hiciste te asaltaron los recuerdos también. Fue extraño sabes, porque a pesar de la tristeza que llevaba por dentro no hubo lágrimas, solo suspiros. Quizás el mago tenía razón y algún día volverás. Espero que cuando eso pase yo ya te haya olvidado. Total yo nunca he sido de creer en el destino ni mucho menos la magia. Soy más de creer en hechos y palabras. Y ambos me dicen que eso nunca sucederá. ¡Que jodienda! Esto del amor, o más bien, el desamor.  No se me sienta bien estar triste ni mucho menos extrañarte. Que equivocada estaba en decir que solo se escribe cuando se está triste. A mí en todos estos meses no me han salido las palabras. Hasta ahora. Quizás esta carta es un indicio de que la tristeza me abandona. En fin, que te escribía para decirte: a la mierda tu felicidad y el haber encontrado el amor de tu vida…no tienes ni puta idea de lo que eso significa.  

Tristemente con amor,

Marimar 

La Diáspora



Me mude para los Estados Unidos hace dos años. Siempre había querido hacerlo, mucho antes de que la diáspora comenzara. Mucha gente me dijo; “¿para que te vas para allá?”, “vas a extrañar muchas cosas”, etc. Y tenían razón, pero siempre lo supe. Supe que extrañaría a mi familia, a mis amigos, a mi tierra. Eso nunca lo dude, pero aun así mi deseo de irme era más grande. Después de todo dicen que la distancia hace que el corazón crezca más afable. No voy a mentir y decir que fue fácil. Ha sido una de las decisiones más difíciles que he tomado. Y aun ahora, dos años más tarde sigue siendo difícil. Es ese constante hilo halándote en la dirección contraria. Rogándote que vuelvas.  Es por esto que cuando escucho los debates de “yo no me quito” y “me quite y me va cabron” me da tristeza. Nadie de los que aún están en la isla conoce la tristeza con la que vivos aquellos que “cruzamos el charco”. La sensación de que por más tiempo que estemos acá nunca se sentirá como estar en casa y a la misma vez, ir a la isla de visita y sentir que ya no perteneces. Los comentarios de que porque ya no vivimos allá perdimos el derecho a comentar la situación de Puerto Rico es triste. Entonces nos quedamos en ese limbo sin saber a donde pertenecemos. Y pasa, que fue a nosotros los que nos tocó el palo más corto. Y aun cuando fuimos nosotros los que escogimos el palo más corto no deja de ser difícil. Somos los que no importa a donde vayamos a comer la comida nunca sabrá igual a la de la isla. Los que como yo, se mudaron a un lugar donde las temperaturas bajan a negativos, la nieve te llega a las rodillas y el frio lo sientes hasta en los huesos. Así que sin importar cuan “cabron” nos vaya nunca será como un domingo en la playa con tus amigos sin ninguna preocupación. Por más caliente que se vuelva acá nunca será como el calor de la isla.  Así que mientras te tomas el café de la mañana escuchando al gallo cantar, no nos juzgues, porque al final del día la tienes mejor que nosotros.

Con amor, Marimar: Carta II


Cariño, ya hace algunos meses que he querido escribirte. Lo tengo todo. Lápiz, papel y las ganas. Pero nunca me animo. Pienso en que quiero decirte, que es eso tan urgente que necesitas saber. Cariño, es demasiado. Me sobran las palabras, ese es el problema. Decirte que me has cambiado la vida se queda corto. Me has cambiado el alma, cariño, que es diferente.  He tomado el lápiz, sabes. Pero es tanto lo que siento que se amontona en mi corazón y se reúsa a salir. Decirte que gracias a ti sonrío mas se quedaría corto, cariño, porque la verdad nunca supe que era un sonrisa hasta que te conocí. He tenido las ganas. Las ganas de escribirte todos los días. De decirte. Pero nada sale, cariño. Decirte que me siento como si al fin me hubiesen contado el secreto de la vida se quedaría corto, porque la verdad nunca supe que existía uno hasta que te conocí. No me mueves solo el piso, cariño, me mueves la vida, me mueves el alma. La sacudes tanto que apenas y me reconozco al mirarme al espejo. Es como si al final me hubiese convertido en esa persona que siempre debí ser y la vida se empeñó en sofocar.  He querido decirte tanto, que al final me he quedado sin palabras. 

Con amor, Marimar